Semblanza de Jazz & Pop, debut y asesinato

ANECDOTAS 15/02/2017
Por Oscar Daniel Chilkowski

El Gran Reducto Jazzero, me retrotrae a recuerdos de inolvidables momentos allí disfrutados. Éste es mi peculiar relato de lo que viví el día inaugural de “Jazz & Pop", por entonces regenteado por Jorge González, Néstor Astarita y Gustavo Alessio.


Me siento muy unido al boliche legendario, ya que tengo algunas anécdotas muy sentidas vinculadas al mismo. Viene a cuento el acontecimiento tremendo que pasé cuando fue su apertura, es decir al “dar a luz”...

Me llama Peter Gunther el 6 de abril de 1978 y me dice:

“-Oscar, vamos hoy a la apertura de un boliche de jazz que abre en San Telmo, “Jazz & Pop”,

“-Está bien, ¿a qué hora nos vemos?

“-Pasame a buscar a las 21,00 hs.”

Llegamos. Boliche lleno, Chacabuco 508, casi esquina Venezuela a una cuadra de Avenida Belgrano. Estaciono en la “playa” de enfrente. El aspecto no nos impresiona gratamente, muy chiquito, bastante descuidado, con cables de luz aéreos muy visibles, deficiente iluminación. ¡Pero una nueva “cueva” para el jazz!

Entramos, tras los múltiples saludos habituales, nos sentamos en el flanco izquierdo, Peter pegado a la pared y yo a su lado. Están presentes “casi todos” los músicos y “fanas” conocidos “jazzeros”. Asimismo asisten muchos provenientes del rock.

Lo “agarramos” desde el inicio, serían las diez y cuarto. De repente comienzan, arrancan tocando y continuaron diversos solistas.

Pasan varios músicos y en determinado momento convocan a un “prócer”. Le dicen, “-Mono vení, ahora tocá vos…” y se sienta al piano.

Ahí empieza “mi participación” (entre comillas) circunstancial y oscura en una noche genial, pero a la vez tenebrosa.

Apoyado en la pequeña “barra” sobre el flanco de la derecha, alguien vocifera. Se escucha: “-¡Qué venga Litto Nebbia, que toque Litto Nebbia!”, mientras interpreta “El Mono” Villegas, con una impronta original y disonante, como él lo hacía. El tipo esta a los gritos y segue expresando: “¡¡¡Qué venga Litto Nebbia, que toque Litto Nebbia…!!!”. Sin duda un fanático suyo, manifestando con elocuencia cuanto le gustaba, mientras sentado y de espaldas, continuaba tomando.

Peter me comenta, “-¡Escuchá como grita el pelotudo ese…!”. Entonces yo, en mi afán de colaborar me paro de inmediato, me acerco al que veo gritando y le digo, “-Perdoname, dejalo tocar, es el “Mono” Villegas, seguramente Litto va a volver, vení que hace mucho calor, acompañame…”, y lo llevo afuera. Estamos unos dos minutos en la vereda, a la intemperie. Adentro sigue la música, entonces le hablo nuevamente: “-¿Estás mejor? Entonces yo entro…” y él me balbucea “medio en pedo”, “-Bueno, bueno…” Vuelvo y me siento junto a Peter. A los 10 minutos se escucha muy alto, “¡¡¡-Que venga Litto Nebbia…!!!”
Me pongo de pie de nuevo y al acercarme, como la “sugerencia” ya era por segunda vez, le digo, “-Dejate de joder, te acompaño otra vez afuera…”.

Lo saco dos veces… Sigue la noche, ya es de madrugada. Continúa gritando el tipo y veo que “lo raja” otra persona. Mientras tanto andan por ahí dando vueltas algunos “fanas” referentes, como Miguel Grinberg un periodista especializado originalmente en jazz, aunque también “del palo” del rock. Tiene algunos libros escritos, muy buen muchacho, profesor universitario, al que saludamos. Dicta algunas disertaciones sobre música, zona urbana, los barrios de Buenos Aires etc. Mientras tanto observo que se mueve activamente en el boliche (ya que oficia de fotógrafo) el músico Eduardo Blasco, un fanático del jazz, amigo del “Negro” y de Astarita, que estaba retratando el evento. Obviamente, lo conocía del ambiente.

Muy tarde, entran Egle Martin con su marido Lalo Palacios. En ese instante, Peter me dice: “-Oscar, nos vamos”.
Personalmente me hubiese querido quedar “hasta las 10 de la mañana”, pero Peter insiste, “-¡Oscar, vamos!”. Pregunto: -¿Pero por qué…?”,
“-Vamos porque hay un olor feo, tal vez están fumando algo raro…”
Como yo no “pité” en mi vida ni un cigarrillo normal, de tabaco común, no entendía nada… A todo esto serían las dos de la mañana, no más. Ya habíamos estado un buen rato, él era un hombre grande y tenía que trabajar desde temprano seguramente. Un tipo maravilloso para la amistad y para el jazz, pero “laburando” se olvidaba de todo, con conducta muy férrea. Notable bipolaridad. Era “divino” aunque a veces muy serio y hasta antipático en ocasiones.

Bueno…, nos “rajamos”, yo a regañadientes, porque había ido con el coche, así que debía llevarlo. Lo dejo en su la casa y vuelvo a la mía.

A la mañana siguiente, muy temprano me llama Peter y me dice:
“-Oscar, nos salvamos de pedo, están todos detenidos, hubo un asesinato…”. Vino la policía y se los llevo a todos los asistentes.

Naturalmente me quedo helado. Poco tiempo después, me entero algo que me deja estupefacto. El criminal era el tipo que saqué dos veces, ese que gritaba, “-¡Que venga Litto Nebbia…!” Resulta que era “un cana”, que estaba armado y me contaron que andaba dando vueltas por la comisaría, mientras se tomaban las declaraciones.

La cosa resulta así, el tipo sale con el fotógrafo quien es el último que lo lleva afuera, ya que había continuado jodiendo, perturbando con sus expresiones desaforadas. Se ve que cuando regresaban, saca un arma y le pega un balazo (creo que en el cuello). Eduardo cae muerto a la entrada del boliche. Tras la puerta, hay un pequeño hall de unos dos metros y la cortina que cierra el acceso. “El guacho” entra y se acodar de nuevo en la barra… Hasta que, a los pocos minutos, encontran el cadáver, en un charco de sangre.

Me consta que durante el entierro en La Chacarita, muchos músicos del ambiente (entre ellos el “Gordo” Fernández), acompañan el féretro tocando “Lover man“ (Jimmy Davis, Roger “Ram” Ramirez & James Sherman), tema favorito de Eduardo Blasco.

Recuerda “El Negro” González: “La velada terminó con un muerto y 96 detenidos, además de un par de crónicas en la sección policial de los diarios”.

Las notas periodísticas del día siguiente, en sus crónicas pusieron “cualquier cosa”, como casi siempre…




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